Actualidad
Sábado 20 de junio de 2026
Rosario se convirtió este viernes en el escenario de un nuevo aniversario del Día de la Bandera, un acto que, más allá de la conmemoración patria, expuso con nitidez las fracturas y tensiones que atraviesan a la cúpula del Gobierno nacional. El presidente Javier Milei encabezó la ceremonia en el Monumento a la Bandera junto al gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, en una jornada marcada por un discurso de fuerte tinte ideológico y un clima político espeso.
Acompañado por una comitiva que incluyó a su hermana y secretaria de la Presidencia, Karina Milei, el ministro del Interior, Diego Santilli, la jefa del bloque libertario en el Senado, Patricia Bullrich, y el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, el mandatario mostró serias dificultades para leer su manuscrito ante las Fuerzas Armadas y el público presente.
Durante su alocución, y aunque mantuvo las formas institucionales, Milei no dejó pasar la oportunidad de moldear la figura del creador de la enseña patria bajo su propio prisma político. El jefe de Estado caracterizó a Manuel Belgrano como el "primer intelectual liberal económico argentino" y un "pionero de la libertad económica en el Río de la Plata".
"Para comprender su legado, hay que recordar otra faceta de Belgrano. La del economista, la del intelectual, la del reformista... Fue uno de los precursores de las críticas sistemáticas al mercantilismo y al monopolio brindado desde el Estado", enumeró el Presidente.
Más adelante, al repasar la historia, definió a la bandera como "una declaración tan profunda como espontánea de independencia y principios", concluyendo que la insignia patria fue, "antes que nada, una bandera de libertad".
La foto oficial en tierras rosarinas dejó un mensaje político contundente: el respaldo explícito de Milei al cuestionado jefe de Gabinete, Manuel Adorni. El funcionario enfrenta una tormenta judicial y un fuerte rechazo de todo el arco político, incluido el PRO —aliado clave del oficialismo—, cuyos legisladores materializaron esta semana un pedido de remoción.
En un intento por descomprimir la presión y ante una inminente interpelación en el Congreso, el Ejecutivo movió sus fichas el viernes, desplazando a Adorni de su rol de vocero presidencial y designando al economista Adrián Ravier en su reemplazo. La medida fue celebrada por Patricia Bullrich, pieza clave de la estrategia oficialista en el Parlamento. Sin embargo, al llevarlo a Santa Fe, Milei redobló la apuesta y demostró que Adorni sigue perteneciendo a su núcleo de máxima confianza.
La contracara del apoyo a Adorni fue la distancia, ya inocultable, entre el Presidente y la vicepresidenta Victoria Villarruel. La titular del Senado arribó a Rosario sin haber sido invitada por la administración libertaria, un gesto de segregación que no dudó en exponer ante la prensa. Aunque se ubicó a pocos metros de Milei, no existió ningún tipo de saludo ni cruce entre ambos.
"No creo que esté bien que a un vicepresidente se le niegue la entrada. Estamos en democracia", lanzó la vicepresidenta, visiblemente molesta. "Es un mensaje pésimo que no haya saludo ni invitación y esta segregación", lamentó.
Villarruel, una de las voces más críticas del propio espacio respecto a la situación del exvocero, también aprovechó para apuntar contra el ministro coordinador:
"Es un acto patrio, no un acto para apoyar a Adorni; no hay nadie más peleado con los valores de Belgrano que él", fustigó.
El acto en Rosario dejó así una postal ambivalente: la de una celebración nacional que, por unas horas, intentó unir al país bajo los colores celeste y blanco, pero que terminó desnudando las profundas diferencias ideológicas y personales en la primera línea del poder central.
Con información de El Destape / Imagen: La Cuarta Online
Copýright 2025 - larosca.com.ar