Gremiales
Miércoles 24 de junio de 2026
A horas de una reunión clave del Consejo Directivo, la conducción de la CGT activó una serie de movimientos de alta diplomacia sindical para contener las tensiones internas y diseñar un plan de contingencia frente al Gobierno. En una jugada orientada a neutralizar los cuestionamientos por su supuesta pasividad, la "mesa chica" de la central obrera tendió puentes hacia los sectores más combativos, encarnados por el camionero Pablo Moyano y el aceitero Daniel Yofra, al mismo tiempo que busca desactivar una fuerte embestida del gastronómico Luis Barrionuevo, quien exige activar de inmediato una huelga nacional de 36 horas.
Las negociaciones reservadas estuvieron a cargo del triunviro Cristian Jerónimo (Seivara), un dirigente caracterizado por su perfil negociador y cercano al esquema de Gerardo Martínez (Uocra). Jerónimo recibió primero al hijo mayor de Hugo Moyano —con quien comparte antecedentes de militancia en el extinto Frente Sindical (Fresimona)— y al día siguiente a Yofra, líder de los aceiteros, quien viene reclamando un plan de lucha nacional con paros por tiempo indeterminado.
La estrategia de Azopardo al 800 pasa por convencer a ambos dirigentes de sumarse a un esquema de protestas escalonadas y sectoriales, coordinadas por rubros de la economía, para maximizar el impacto económico sobre el Ejecutivo nacional sin la necesidad de exponer a los trabajadores a los riesgos de la reforma laboral vigente. Esta modalidad incluiría jornadas de concientización, trabajo a reglamento y asambleas informativas, evitando la devaluada herramienta del paro general tradicional.
La resistencia de la conducción de la CGT a convocar de arranque a una huelga general inmediata no es casual. Los principales caciques de la central evalúan que el último paro nacional del 19 de febrero tuvo un efecto modesto y que forzar una nueva medida similar en el corto plazo solo profundizaría el desgaste del sindicalismo, exponiéndolo a represalias por parte de la administración de Javier Milei.
En ese tablero, la central hace lecturas finas sobre el peso real de sus interlocutores:
Pablo Moyano: Saben que ha perdido resortes de poder dentro de la estructura de Camioneros y que su padre, Hugo Moyano, está hoy más inclinado a buscar canales de acuerdo que a confrontar. A Pablo, estiman, le resultará más viable sumarse a medidas de fuerza espontáneas y de corto plazo.
Daniel Yofra: Lo consideran una pieza clave capaz de infligir un daño económico directo mediante la paralización de los puertos agroexportadores. El dirigente aceitero se encuentra en medio de una paritaria sumamente tensa con la cámara cerealera y esta semana se vence la conciliación obligatoria que frenaba las medidas de fuerza.
En paralelo a la negociación con los "duros", la CGT debe lidiar con el frente que busca abrir Luis Barrionuevo. El gastronómico logró rearmar la estructura de la ex-CGT Azul y Blanca y sumar a dos aliados de peso estratégico en el transporte: Roberto Fernández (colectiveros de la UTA) y Omar Maturano (ferroviarios de La Fraternidad). Juntos, planean exigir en el Consejo Directivo un paro de 36 horas con movilización a Plaza de Mayo.
La repentina beligerancia de este sector fue recibida con fuertes chicanas en la cúpula cegetista. "Estos son los que cuando te vas a pelear te ofrecen sostenerte el saco", ironizó un importante referente de la conducción, recordando las múltiples oportunidades en que la UTA esquivó paros nacionales amparándose en conciliaciones obligatorias dictadas por el Gobierno.
No obstante, los defensores del bloque del transporte argumentan que la amenaza es real y recuerdan el fuerte costo financiero que ya sufrieron por parte del Ejecutivo nacional tras la última huelga general:
Multas millonarias al transporte: El Gobierno aplicó sanciones por 70.000 millones de pesos a la UTA y 20.000 millones de pesos a La Fraternidad por su adhesión a la última medida de fuerza de la CGT.
Por debajo de la discusión gremial, los sectores más experimentados de Azopardo leen otra motivación detrás del apuro de Barrionuevo. Atribuyen su giro confrontativo a un reciente revés judicial que le negó el reconocimiento formal a su triunfo en las internas de la Uthgra de diciembre pasado, lo que pone en riesgo su continuidad por cuatro años más al frente del sindicato. El histórico dirigente sospecha de una pinza política y judicial entre su excuñado, Dante Camaño, Mauricio Macri y el propio Gobierno nacional para desbancarlo de la conducción nacional de los gastronómicos.
Con información de El Destape / Imagen: El Ágora Digital
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