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Lunes 6 de julio de 2026
La crisis que atraviesa el sistema científico argentino se profundiza con el avance del ajuste impulsado por el gobierno de Javier Milei. A los recortes presupuestarios, la reducción de salarios y la paralización de programas de investigación se sumó la decisión del Conicet de no renovar 379 becas doctorales, una medida que impacta directamente sobre jóvenes investigadores que quedaron sin posibilidad de continuar sus carreras. En el sector ya hablan de una "generación científica perdida" y alertan sobre una creciente fuga de talentos hacia el exterior.
Desde diciembre de 2023, los salarios de investigadores y becarios del Conicet acumulan una pérdida cercana al 40% de su poder adquisitivo. De acuerdo con estimaciones del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación, el sistema nacional de ciencia y técnica perdió más de 6.000 puestos de trabajo, de los cuales alrededor de la mitad corresponden a investigadores y becarios del organismo. La falta de financiamiento también afecta el funcionamiento cotidiano de los laboratorios, donde escasean los insumos, se reducen experimentos y muchos equipos permanecen fuera de servicio por falta de mantenimiento.
Investigadores consultados describen un escenario de creciente precarización. El inmunólogo Facundo Di Diego asegura que numerosos laboratorios estiran la vida útil de reactivos, suspenden la participación en congresos internacionales y recurren a estrategias improvisadas para sostener las investigaciones. Incluso, afirma que muchos científicos complementan sus ingresos con actividades ajenas a su profesión, como el transporte de pasajeros o el reparto de pedidos, mientras otros evalúan abandonar definitivamente la carrera científica.
La incertidumbre también golpea a quienes aún permanecen en el sistema. Manuel Crespo, becario doctoral especializado en cronobiología, sostiene que los salarios permanecen prácticamente congelados y que la ausencia de subsidios obliga a reducir o modificar proyectos de investigación. En tanto, Mercedes Pastorini, investigadora especializada en virus del papiloma humano y cáncer, explica que los equipos deben planificar cada experimento al detalle para aprovechar al máximo recursos cada vez más escasos.
Frente a este panorama, cada vez más jóvenes científicos optan por emigrar. Algunos consiguen becas en universidades extranjeras para continuar sus investigaciones, mientras otros buscan insertarse en el sector privado, aunque las oportunidades también son limitadas. La biotecnóloga Melisa Lamberti, actualmente en la Universidad de Miami, asegura que regresar al país implicaría resignar posibilidades de investigación por la falta de insumos y financiamiento. En la misma línea, el neurobiólogo Juan Ispizúa, que desarrolla un posdoctorado en la Universidad de Washington, sostiene que el desfinanciamiento de la ciencia terminó por convencerlo de continuar su carrera fuera de la Argentina.
El deterioro del sistema científico genera preocupación no solo por el presente de miles de investigadores, sino también por el impacto que tendrá en el desarrollo del país. La formación de un científico demanda entre diez y quince años de inversión pública y, según advierten especialistas, la pérdida de estos profesionales implica resignar conocimiento, innovación y capacidades estratégicas. Mientras el éxodo continúa, referentes del sector sostienen que la ciencia argentina enfrenta uno de los momentos más críticos de su historia reciente.
Imagen: Leandro Teysseire
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