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Lunes 20 de julio de 2026 | Santiago del Estero, Argentina

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Después de Inglaterra, España: la final donde también se juega la memoria de un país

La bandera de Malvinas que emocionó a millones volvió a colocar la soberanía en el centro del Mundial. El último partido de la Copa enfrenta a la Argentina con un rival que también remite a un pasado de colonización, independencia y lucha por la identidad nacional.


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Domingo 19 de julio de 2026

Una bandera de tela, pintada a mano y sin patrocinadores, terminó convirtiéndose en el símbolo más potente del Mundial 2026. La imagen de la Scaloneta desplegando la consigna "Las Malvinas son argentinas" tras eliminar a Inglaterra rompió con la lógica de un fútbol dominado por el negocio y devolvió al deporte su capacidad de expresar sentimientos colectivos, instalando nuevamente la causa Malvinas en el centro del debate internacional.
 

El episodio también resignificó el valor político de un partido que excedía lo deportivo. Si frente a Inglaterra el recuerdo de la guerra de 1982 resultó inevitable, la final frente a España volvió a despertar reflexiones sobre la historia compartida entre América Latina y la antigua metrópoli colonial. En ese contexto, reaparecieron debates sobre independencia, soberanía y el vínculo de la dirigencia argentina con las potencias extranjeras, incluso con referencias a la polémica frase pronunciada por Mauricio Macri durante el Bicentenario de 2016 sobre la decisión de independizarse de España.
 

La discusión recuperó además episodios que marcaron la relación entre América Latina y la monarquía española, como el recordado "¿Por qué no te callas?" del rey Juan Carlos al entonces presidente venezolano Hugo Chávez en la Cumbre Iberoamericana de 2007. Para distintos sectores políticos e intelectuales, aquellos hechos reflejan una disputa que trasciende el pasado y continúa vigente en torno a la autonomía política, económica y cultural de la región.
 

En ese escenario, el Mundial volvió a demostrar que el fútbol nunca permanece ajeno a los grandes conflictos de su tiempo. Las expresiones de solidaridad con Palestina, las manifestaciones de jugadores iraníes y el mensaje de la Selección Argentina por Malvinas confirmaron que, aun en un torneo atravesado por cifras millonarias y la industria del espectáculo, el deporte continúa siendo un espacio de expresión política y social.
 

La historia ofrece antecedentes similares. Durante el Mundial Argentina 1978, en plena dictadura militar, las Madres de Plaza de Mayo aprovecharon la presencia de la prensa internacional para denunciar las desapariciones forzadas, mientras distintos deportistas desafiaban el silencio impuesto por el régimen. Casi medio siglo después, la bandera desplegada por la Scaloneta volvió a demostrar que el fútbol puede convertirse en una poderosa herramienta para proyectar mensajes que trascienden el resultado de un partido y reafirman debates sobre memoria, identidad y soberanía nacional.

 

Imagen: France 24


La Rosca



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