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Domingo 19 de julio de 2026
Hay personas que parecen guardar el tiempo entre las manos. Sus arrugas cuentan historias que ningún libro alcanzaría a escribir y su mirada conserva la ternura de quien aprendió que la vida se construye con pequeños milagros cotidianos. Celia Verón de Castaño es una de ellas. El próximo 30 de julio cumplirá 97 años y, desde su casa en Villa Atamisqui, sigue esperando cada partido de la Selección Argentina con el mismo corazón inquieto de aquella joven que alguna vez escuchó los encuentros por una radio.
La historia salió a la luz gracias a un emotivo mensaje de su nieta Celeste Coronel, quien compartió una fotografía de su abuela acompañada por una frase que conmovió a cientos de personas: "Mi abuela nació en 1929, un año antes del primer Mundial. Desde entonces ha vivido 23 Copas del Mundo. Vio pasar generaciones, historias, alegrías y tristezas. Qué privilegio es poder seguir compartiendo momentos con una mujer que ha recorrido tanta historia". Un homenaje sencillo, pero cargado de amor, que convirtió a Celia en símbolo de una generación que nunca dejó de creer.
Tras esa publicación, Celia fue entrevistada en el programa Periodismo Sin Fronteras, por Radio Popular. Con la serenidad de quien ha visto casi un siglo de historia, recordó aquellos años en los que trabajaba en Tucumán y el enorme sacrificio que hizo junto a su esposo para comprar el primer televisor de la familia. "Era usado y blanco y negro. Teníamos una antena alta y ahí podíamos ver los partidos. Antes los escuchábamos por la radio, pero siempre alentando a la Selección, como todos los argentinos", contó con una sonrisa que parecía viajar en el tiempo.
Madre de ocho hijos, abuela de 37 nietos y orgullosa bisabuela y tatarabuela de una familia que sigue creciendo, Celia aseguró que este domingo volverá a alentar con la misma fe de toda la vida. Convencida de que "Diego, desde el cielo, iluminará a Lionel Messi y a toda la Selección", espera un nuevo título mundial con la esperanza intacta que solo tienen quienes aprendieron a resistir las derrotas para disfrutar plenamente las alegrías.
Antes de despedirse dejó una promesa tan sencilla como conmovedora: si Argentina vuelve a ser campeón del mundo, tomará su bandera celeste y blanca y caminará hasta la plaza central de Villa Atamisqui para celebrar junto a sus vecinos. Porque hay pasiones que no entienden de edades ni de calendarios. Y mientras existan mujeres como Celia, capaces de sostener casi un siglo de memoria con el corazón encendido por la camiseta argentina, siempre habrá razones para creer que la emoción también puede vencer al tiempo.
Imagen: Gentileza Celeste Coronel
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