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Lunes 27 de julio de 2026
La situación de los jóvenes argentinos se agrava en un contexto de precariedad económica y exclusión social. Así lo refleja el informe "Jóvenes vulnerables en la Argentina: Condiciones de vida, creencias y expectativas sobre el futuro", elaborado por investigadores del Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que concluye que casi la mitad de la población de entre 18 y 29 años vive en condiciones de vulnerabilidad.
Uno de los datos más preocupantes del relevamiento es el crecimiento del segmento conocido como "NI-NI". Según el estudio, dos de cada diez jóvenes vulnerables no trabajan ni estudian y, dentro de ese grupo, un tercio dejó incluso de buscar empleo. Para Juan Cruz Esquivel, director de la investigación, esta realidad refleja una profunda pérdida de expectativas, donde el mercado laboral dejó de ser percibido como una vía posible de integración y progreso.
La investigación, basada en una encuesta presencial a 1.002 jóvenes realizada entre diciembre de 2025 y enero de 2026 en los principales centros urbanos del país, también revela la precarización del empleo juvenil. Apenas el 18,9% de quienes trabajan tiene un empleo registrado o parcialmente registrado, mientras que el 75,9% se desempeña en la informalidad o mediante changas y trabajos por cuenta propia. Además, el 57% asegura que los ingresos de su hogar no alcanzan para llegar a fin de mes y el 78% carece de obra social o cobertura médica privada.
El informe también pone el foco en el deterioro de la salud mental. Más del 70% de los jóvenes consultados manifestó sufrir nervios o ansiedad de manera frecuente, la mitad reconoció síntomas compatibles con la depresión y tres de cada diez admitieron tener dificultades para controlar el consumo de alcohol, tabaco u otras sustancias. Los investigadores sostienen que estas problemáticas son consecuencia directa de un escenario de incertidumbre y exclusión persistente.
Pese al panorama crítico, el estudio destaca que la educación continúa siendo vista como una herramienta de movilidad social: el 85,7% considera que estudiar podría mejorar su calidad de vida. Sin embargo, la falta de recursos económicos y de oportunidades concretas impide que esa expectativa se traduzca en una realidad. Los especialistas concluyen que la vulnerabilidad juvenil ya no constituye un fenómeno aislado, sino un problema estructural que exige políticas públicas integrales para garantizar inclusión, empleo y acceso efectivo a derechos básicos.
Imagen: Huella del Sur
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