Política
Domingo 9 de agosto de 2026
Gerardo Zamora aprovechó el debate por la extranjerización de las tierras para fijar una posición que excede ampliamente la discusión legislativa y funciona, al mismo tiempo, como una crítica de fondo al modelo económico y político de Javier Milei. En su análisis, el senador sostiene que la tierra no puede ser considerada únicamente un activo económico: representa producción de alimentos, acceso al agua, biodiversidad, arraigo, identidad y capacidad soberana de decidir sobre los recursos estratégicos.
El planteo de Zamora busca alejarse de una falsa dicotomía entre apertura al mundo y defensa de los intereses nacionales. Reconoce que las provincias necesitan inversiones, capital, tecnología y financiamiento, pero advierte que atraer inversiones no puede significar resignar capacidad de decisión. La cuestión central, según su argumento, no es si Argentina debe integrarse al mundo, sino en qué condiciones lo hará y quiénes se beneficiarán de esa integración.
En ese punto aparece una de las críticas más fuertes al Gobierno. Zamora diferencia la generación de divisas de la generación de desarrollo: los dólares provenientes de actividades extractivas pueden aliviar las necesidades financieras de la economía, pero no garantizan por sí mismos empleo, industrialización ni mejores condiciones de vida. Para el senador, el verdadero desafío es lograr que los recursos naturales se transformen en trabajo, proveedores, tecnología, infraestructura y oportunidades para las comunidades argentinas.
La discusión sobre la Ley de Tierras también le permite cuestionar la lógica económica del oficialismo. Frente al discurso que coloca al mercado como solución casi exclusiva, Zamora reivindica la necesidad de un Estado con capacidad de planificación, infraestructura, reglas previsibles y herramientas para proteger recursos estratégicos. No plantea una confrontación entre Estado y sector privado, sino una relación en la que ambos puedan contribuir al desarrollo nacional.
Pero el aspecto más político de su análisis aparece cuando advierte que el Gobierno convirtió buena parte de sus diferencias en batallas culturales permanentes. Para Zamora, esa estrategia puede resultar electoralmente efectiva al alimentar la polarización y construir adversarios, pero dificulta la posibilidad de alcanzar consensos duraderos. En esa crítica también incorpora al federalismo como una herramienta central para reducir las desigualdades entre regiones y fortalecer un desarrollo más equilibrado.
El senador interpreta, además, que el rechazo a la extranjerización de las tierras está expresando algo más profundo que una oposición circunstancial a un proyecto de ley. Las consignas “la Patria no se vende”, “la soberanía no se entrega” y “las Malvinas son argentinas” son presentadas como señales de un reacomodamiento de la sensibilidad social frente a determinadas políticas del Gobierno.
En definitiva, Zamora sostiene que el oficialismo puede estar enfrentando un cambio de escenario: decisiones que hasta hace poco permanecían confinadas al debate técnico, jurídico o parlamentario comienzan a generar una reacción social más amplia. La advertencia política es clara: la discusión por la tierra dejó de ser solamente sobre una ley y pasó a convertirse en una disputa sobre qué modelo de país se quiere construir, qué lugar ocupa el Estado y hasta dónde llega la soberanía frente al mercado.
Imagen: Captura de pantalla
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