Actualidad
Jueves 27 de agosto de 2026
Para una porción cada vez mayor de los adultos mayores, jubilarse ya no significa dejar de trabajar. La combinación entre jubilaciones deterioradas y alquileres que absorben una parte creciente de los ingresos está obligando a miles de personas de 60 años o más a permanecer en el mercado laboral para poder sostener gastos básicos. El contraste es contundente: mientras el 26,5% de los adultos mayores propietarios permanece activo, la cifra trepa al 43,8% entre quienes alquilan.
Los datos surgen de la plataforma VivenData, elaborada por la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) a partir de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-INDEC). El informe muestra que la tasa de actividad general también es considerablemente mayor entre los hogares inquilinos: alcanza el 66,8%, frente al 52,9% de los propietarios. Para ACIJ, una de las hipótesis centrales es que las personas inquilinas en edad jubilatoria deben continuar trabajando para afrontar el costo de la vivienda.
El problema se agrava porque trabajar más no garantiza llegar a fin de mes. Según la Encuesta Inquilina 2025 de ACIJ, siete de cada diez hogares encabezados por personas mayores de 60 años que cobran una jubilación o pensión destinan más de la mitad de sus ingresos al alquiler. Además, entre 2024 y 2025 aumentó del 30% al 47% la proporción de hogares encabezados por mayores de 60 años que declararon trabajar.
La presión sobre los adultos mayores se da en un mercado de alquileres que también se expandió. En los principales aglomerados urbanos, los hogares inquilinos pasaron de representar el 13% en 2007 a poco más del 18% en la actualidad. En la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, la proporción de personas mayores de 60 años que viven en hogares inquilinos prácticamente se duplicó: pasó del 5,8% al 10,6%.
A este escenario se suma el derrumbe del poder adquisitivo de las jubilaciones. Según un informe del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE), las jubilaciones perdieron un 23% de su poder de compra desde noviembre de 2023, lo que representa una pérdida acumulada cercana a $7,3 millones por jubilado. Para quienes cobran la mínima, el deterioro llega al 30% y equivale a haber perdido el equivalente a 8,4 jubilaciones de 2023.
El resultado es una ecuación cada vez más difícil de sostener: los adultos mayores que alquilan necesitan trabajar más, pero aun trabajando destinan una parte desproporcionada de sus ingresos a la vivienda. La Canasta Básica de los Jubilados de la Defensoría de la Tercera Edad de CABA alcanzó en agosto los $1.824.682, casi cuatro veces el ingreso de una jubilación mínima incluso considerando el bono de $70.000, que permanece congelado. La jubilación, para miles de argentinos, dejó de marcar el comienzo del descanso y se convirtió en el punto de partida de una nueva carrera por sobrevivir.
Con información de El Destape / Imagen: La Capital
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