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Viernes 28 de agosto de 2026
El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) logró identificar a Alejandro Ernesto Jesús Jerez Bodereau, una de las personas secuestradas durante los primeros meses de la última dictadura militar y desaparecida durante cinco décadas. La identificación fue confirmada por la Justicia Federal de Córdoba y eleva a 30 el número de víctimas identificadas desde el inicio de las investigaciones en la zona de la guarnición militar de La Calera.
Jerez Bodereau tenía 22 años cuando fue secuestrado el 5 de mayo de 1976 en el barrio Alberdi de Córdoba. Estudiaba Psicología en la Universidad Nacional de Córdoba, trabajaba en Ika-Renault y militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Además, tenía una hija pequeña. Durante el mismo operativo fueron secuestrados Susana Noemí Huarte Martínez, estudiante de Medicina y embarazada, y Rubén Rosemberg, estudiante de Psicología. Los tres fueron trasladados a La Perla, aunque Rosemberg fue liberado esa misma noche.
La Perla funcionó como centro clandestino de detención, tortura y exterminio entre 1976 y 1978, y por allí habrían pasado entre 2.200 y 2.500 personas que continúan desaparecidas. En septiembre del año pasado, el juez federal Hugo Vaca Narvaja ordenó que el EAAF comenzara tareas en Loma del Torito, una zona cercana al antiguo campo de concentración, a partir del reclamo de familiares y querellantes de la causa por enterramientos clandestinos.
Las investigaciones buscan reconstruir el destino de las víctimas trasladadas desde La Perla. Sobrevivientes señalaron que los llamados “traslados” eran la antesala de los fusilamientos y relataron que los represores utilizaban camiones para llevar a los secuestrados fuera del predio. Las hipótesis sobre enterramientos clandestinos en zonas próximas al campo también se sustentaron en testimonios recogidos por la Conadep y posteriormente en declaraciones de integrantes de las Fuerzas Armadas.
Los trabajos del EAAF aportaron nuevos elementos sobre lo ocurrido después de los asesinatos. Los hallazgos realizados desde septiembre pasado apuntan a confirmar que los cuerpos habrían sido removidos y destruidos con maquinaria, en una maniobra destinada a borrar las huellas de los crímenes. De esta manera, a la secuencia de secuestro, tortura, fusilamiento y enterramiento clandestino se habría sumado una etapa posterior destinada a volver a desaparecer los restos de las víctimas.
Los análisis realizados en el Laboratorio de Genética Forense permitieron obtener perfiles genéticos correspondientes a 35 personas a partir del primer conjunto de restos recuperados. De ese total, 30 ya fueron identificadas y todavía quedan cinco perfiles sin correspondencia. Por eso, el EAAF convocó a familiares de personas desaparecidas a aportar muestras genéticas de manera gratuita y anónima. A cinco décadas del golpe de Estado, la búsqueda continúa bajo una consigna que mantiene plena vigencia: “Que digan dónde están”.
Con información de Página 12 / Imagen: Redes
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