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Viernes 11 de septiembre de 2026
El modelo de apertura comercial impulsado por Javier Milei vuelve a quedar bajo la lupa a partir de la situación de la industria textil. Según la Fundación Pro Tejer, un mercado que históricamente se abastecía en partes iguales entre producción nacional e importaciones ahora tiene una participación extranjera cercana al 70%, en un contexto de caída de la actividad, pérdida de competitividad y deterioro del entramado industrial.
Durante el primer semestre, las importaciones textiles y de indumentaria alcanzaron 177.356 toneladas y US$911 millones. Pero detrás de la baja interanual de los volúmenes totales se esconde un dato político y productivo central: mientras caen las compras externas de materias primas, hilados y tejidos, las importaciones de productos terminados alcanzan niveles récord. La indumentaria importada aumentó 62% en toneladas y 36% en dólares, mientras las confecciones para el hogar crecieron 26% en cantidades.
La consecuencia sobre la industria nacional es directa. La producción textil cayó 24,4% frente a 2025 y 34% respecto de 2023, mientras el uso de la capacidad instalada quedó en apenas 39%. En otras palabras, seis de cada diez máquinas permanecen paradas en las fábricas textiles, un indicador que refleja el impacto de la retracción del mercado interno y la creciente presencia de productos extranjeros.
La Fundación Pro Tejer atribuye el deterioro a la rápida apertura comercial, la desregulación de las importaciones y la apreciación del tipo de cambio real, mientras la industria continúa soportando una estructura de costos que incluye presión tributaria, problemas logísticos y dificultades para acceder al financiamiento. A esto se suma la competencia de plataformas como Shein y Temu, que el sector señala por comercializar productos bajo condiciones que, según denuncia, no son equivalentes a las de la producción formal.
La Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) fue todavía más contundente y habló de “competencia fraudulenta”. La entidad sostiene que más del 70% de los productos importados ingresa al país con valores significativamente inferiores a los antecedentes del sector, en algunos casos por debajo incluso del costo de la materia prima. Por eso reclama controles sobre la subfacturación y el cumplimiento efectivo de las normas de comercio exterior.
El conflicto excede a una rama industrial: pone en discusión el rumbo económico del Gobierno. Mientras el Ejecutivo presenta la apertura comercial como una herramienta para bajar precios y aumentar la competencia, las empresas textiles advierten que, sin condiciones de competencia equilibradas, el resultado puede ser la sustitución de producción nacional por importaciones, con fábricas ociosas, menor inversión y pérdida de empleo formal. La disputa queda planteada entre abaratar el mercado mediante productos importados o sostener una industria nacional capaz de producir, invertir y generar trabajo.
Con información de NA / Imagen: Damián Dopacio (NA) / Redacción: La Rosca
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