Actualidad
Domingo 4 de octubre de 2026
En una Argentina atravesada por la división política, el deterioro de los vínculos sociales y las crecientes dificultades económicas, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, lanzó un contundente llamado a la unidad, la fraternidad y la solidaridad. Durante la misa central de la Peregrinación a Luján, el religioso advirtió sobre las consecuencias de una sociedad que naturaliza el odio, la intolerancia y la indiferencia, en un mensaje que trasciende el ámbito eclesiástico y plantea un desafío ético para la dirigencia política.
Bajo la consigna de estar "más unidos que nunca", García Cuerva reclamó reconstruir los lazos sociales y recuperar la capacidad de reconocer al otro, incluso en medio de las diferencias ideológicas. "Si la Virgen de Luján nos abraza, es imposible mirar al otro con desprecio", sostuvo, al convocar a la sociedad a convertirse en "artesanos de la fraternidad". Su homilía puso el foco en los sectores más vulnerables, entre ellos los jubilados, las personas con discapacidad, quienes no tienen trabajo, las personas en situación de calle y los adolescentes afectados por las drogas.
El mensaje adquiere una dimensión política en un contexto nacional marcado por la confrontación discursiva y la profundización de las desigualdades. Sin mencionar directamente al Gobierno ni a ningún espacio partidario, el arzobispo cuestionó las prácticas de descalificación, la intolerancia y el odio como formas de relacionamiento, y convocó a "abrazar a los que piensan distinto". "Somos hermanos, hijos de un mismo padre", afirmó, en una apelación a la responsabilidad colectiva frente a una sociedad cada vez más fragmentada.
Las declaraciones se inscriben en una serie de advertencias que García Cuerva viene formulando sobre la realidad argentina. Durante una misa celebrada el sábado en la Catedral Metropolitana, había anticipado el escenario social, económico y político que encontrará el papa León XIV en su próxima visita al país. "Se va a encontrar con una Argentina herida, una Argentina dividida, con esa famosa grieta", expresó, al advertir sobre una realidad atravesada por la descalificación y la intolerancia, en la que una parte importante de la población continúa padeciendo situaciones de pobreza.
A pocas semanas de la llegada del Sumo Pontífice, el pronunciamiento del arzobispo vuelve a colocar en el centro del debate la responsabilidad de la dirigencia y la necesidad de recuperar una convivencia democrática que no se limite a la ausencia de conflictos, sino que garantice dignidad, inclusión y sensibilidad frente al sufrimiento ajeno. En un país donde las diferencias políticas muchas veces se convierten en enfrentamientos irreconciliables, García Cuerva planteó que la reconstrucción de la unidad exige dejar atrás el desprecio y asumir que ninguna sociedad puede proyectar un futuro común mientras una parte de sus integrantes permanece excluida.
Con información de Página 12 / Imagen: NA / Redacción: La Rosca
Copýright 2025 - larosca.com.ar