Política
Domingo 25 de octubre de 2026
Luiz Inácio Lula da Silva volvió a derrotar al bolsonarismo y consiguió un cuarto mandato presidencial, en una elección que expuso la persistencia de la fractura política brasileña. Con el 51,45% de los votos válidos frente al 48,55% de Flávio Bolsonaro, el mandatario protagonizó una remontada electoral que reafirma la vigencia del Partido de los Trabajadores (PT) frente al avance de la ultraderecha.
El resultado adquiere una dimensión política que trasciende la disputa electoral: Brasil volvió a elegir un proyecto que reivindica la inversión pública, las políticas sociales y la recuperación del poder adquisitivo frente a una alternativa que propone reducir el gasto estatal y endurecer las políticas de seguridad. La diferencia ajustada, sin embargo, demuestra que el bolsonarismo conserva una base electoral sólida y que la disputa por el poder está lejos de resolverse.
La elección también representó una revancha política respecto de la primera vuelta del 4 de octubre, cuando Flávio Bolsonaro había terminado por delante de Lula. El senador, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y principal heredero electoral de su espacio, consiguió capitalizar el descontento de una parte importante de la sociedad, pero no logró sostener la ventaja cuando comenzaron a incorporarse los votos de las distintas regiones del país. El peso electoral del nordeste, históricamente favorable al PT, resultó determinante para inclinar la balanza.
La jornada estuvo atravesada, además, por tensiones logísticas e institucionales. Una decisión judicial extendió el horario de votación hasta las 19, luego de denuncias por dificultades en el traslado de los ciudadanos, especialmente en Bahía. La medida alteró el ritmo habitual del escrutinio y generó un escenario cambiante, en el que Bolsonaro llegó a encabezar temporalmente el conteo antes de que Lula recuperara el liderazgo.
La victoria le permitirá al dirigente de 80 años iniciar el 1 de enero de 2027 su cuarto período presidencial, después de gobernar entre 2003 y 2010 y regresar al poder en 2023. Su continuidad representa un respaldo a las políticas sociales y al papel del Estado como herramienta de intervención económica, aunque el resultado estrecho también constituye una advertencia sobre los límites de su apoyo y la persistencia de una oposición conservadora con capacidad de condicionamiento.
El desafío será transformar el triunfo electoral en capacidad efectiva de gobierno. Lula deberá afrontar las tensiones fiscales, sostener el crecimiento, mejorar los ingresos populares y negociar con un Congreso de composición mayoritariamente conservadora. En paralelo, la permanencia del bolsonarismo como fuerza política dominante en la oposición anticipa una convivencia conflictiva. Brasil vuelve a apostar por Lula, pero la batalla por el modelo de país continúa abierta.
Con información de NA / Imagen: Página 12 / Redacción: La Rosca