Política
Miércoles 28 de octubre de 2026
Flávio Bolsonaro abandonó Brasil junto a su esposa y sus dos hijas y pasó por Misiones antes de abordar un vuelo privado con destino declarado a Guayaquil, Ecuador, según confirmó la Dirección Nacional de Migraciones. La posterior posibilidad de que Estados Unidos le otorgue visas y asilo coloca el episodio en una dimensión que excede una fuga individual: expone el peso de las alianzas ideológicas de Donald Trump con la derecha brasileña y abre interrogantes sobre el alcance de la intervención estadounidense en la política regional.
La secuencia estuvo rodeada de sospechas y versiones cruzadas. Mientras Bolsonaro había afirmado que entregaría sus pasaportes y permanecería en Brasil para defenderse, horas después abandonó su domicilio en Brasilia. En paralelo, un avión privado de Baires Fly llegó a Iguazú y tenía previsto continuar su ruta con cuatro pasajeros brasileños. La coincidencia alimentó las hipótesis sobre una operación organizada para facilitar su salida, aunque no todos los detalles de esa presunta coordinación están comprobados. Finalmente, el Gobierno argentino confirmó que Bolsonaro y su familia ingresaron al país el 27 de octubre y partieron en un vuelo privado.
El episodio también pone bajo la lupa la actuación del gobierno de Javier Milei. La administración argentina había negado inicialmente que Bolsonaro hubiera ingresado al territorio nacional, pero luego reconoció oficialmente su paso por Misiones. Esa rectificación plantea interrogantes sobre la información que manejaba el Ejecutivo y la forma en que comunicó los hechos. Las versiones sobre una eventual participación de organismos argentinos, incluida la SIDE, requieren pruebas que permitan establecer si hubo colaboración oficial o si se trató de movimientos independientes.
En Brasil, la salida del dirigente se produce mientras enfrenta investigaciones por presuntas maniobras de lavado de dinero vinculadas con el financiamiento de una película sobre su padre y con una casa de apuestas. La posibilidad de que Estados Unidos le conceda asilo y le permita instalarse junto a otros referentes del bolsonarismo podría convertirlo en una figura de oposición desde el exterior. Sin embargo, esa estrategia no garantiza liderazgo: su partida también puede profundizar las divisiones internas y alimentar las críticas de quienes consideran que abandonar el país debilita a una oposición que acaba de sufrir un revés electoral.
El trasfondo es geopolítico. Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, aparecen señalados en las versiones sobre una eventual asistencia estadounidense, mientras el Gobierno de Milei mantiene una estrecha afinidad política con Washington y sectores de la derecha brasileña. Si se confirma que la Casa Blanca facilitó la salida de Bolsonaro y que hubo colaboración de funcionarios argentinos, el caso dejará de ser una controversia migratoria para convertirse en un conflicto político y diplomático de alcance regional. Por ahora, corresponde distinguir las confirmaciones oficiales de las hipótesis que circulan: lo que sí quedó expuesto es que la disputa por el poder en Brasil ya involucra intereses que trascienden sus fronteras.
Con informacion de Página 12 / Imagen: AFP / Redacción: La Rosca