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Martes 3 de noviembre de 2026
Donald Trump no aparece en las boletas, pero decidió convertir las elecciones de medio término en un plebiscito sobre su propia gestión. «Piensen que estoy en la papeleta», pidió a sus seguidores, consciente de que el resultado puede marcar el rumbo de su administración y condicionar su capacidad de gobernar. Los estadounidenses elegirán a los 435 integrantes de la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y 36 gobernadores. Los republicanos llegan con mayorías ajustadas en ambas cámaras y los sondeos anticipan mejores perspectivas para los demócratas en Diputados, mientras la disputa por el Senado permanece abierta.
El principal problema para Trump es que la promesa de recuperar el poder adquisitivo comienza a chocar con la realidad cotidiana. La inflación, el encarecimiento de los combustibles, los alimentos, los seguros y los medicamentos golpean a millones de familias. A esa situación se suman los efectos de los aranceles comerciales y la guerra con Irán, factores que alimentan la incertidumbre económica. Según una encuesta del Pew Research Center, el 84% de los votantes considera que la economía es su principal preocupación. El discurso oficial sobre una economía revitalizada encuentra cada vez más dificultades para convencer a una sociedad que siente que vivir cuesta más.
Uno de los datos políticamente más significativos es el desgaste del respaldo latino, un sector que contribuyó de manera decisiva al triunfo republicano en 2024. Las deportaciones, el aumento del costo de vida y el incumplimiento de las promesas electorales están generando desencanto incluso entre quienes apostaron por Trump. En territorios como el condado de Yuma, Arizona, donde el republicano consiguió una importante ventaja, comienzan a aparecer señales de desilusión. También entre los jóvenes y sectores trabajadores crece el cuestionamiento a un gobierno que prometió soluciones económicas, pero que hoy enfrenta críticas por sus prioridades y decisiones internacionales.
La dimensión social de la crisis tampoco es menor: cerca del 41% de los 132 millones de hogares estadounidenses se encuentra por debajo del umbral de ingresos necesarios para cubrir gastos básicos, según la medición ALICE de United Way. La situación expone una contradicción incómoda para la Casa Blanca: mientras Trump reivindica sus resultados económicos, millones de trabajadores tienen dificultades para pagar vivienda, transporte, alimentos y atención médica. Las elecciones, por lo tanto, no solamente definirán bancas y gobernaciones: pondrán a prueba la capacidad del presidente para conservar el respaldo de quienes lo llevaron nuevamente al poder. Una derrota republicana podría convertirse en la primera gran señal institucional de que el capital político de Trump comienza a agotarse.
Con información de NA / Imagen: NA/Xinhua / Redacción: La Rosca