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Jueves 9 de julio de 2026
Tener un empleo formal dejó de ser garantía para acceder a una vivienda en Argentina. La combinación de salarios cada vez más rezagados frente a la inflación y alquileres que crecieron muy por encima de los ingresos modificó una realidad que durante años permitió a millones de trabajadores sostener un techo con su sueldo. Actualmente, para alquilar un departamento de un ambiente se necesitan casi dos salarios mínimos, cuando hace apenas una década uno solo alcanzaba para cubrir ese gasto.
La problemática se profundizó desde fines de 2023, tras la derogación de la Ley Nacional de Alquileres. Desde entonces, los contratos pasaron a celebrarse mayoritariamente por un año, con actualizaciones trimestrales o cuatrimestrales, mientras los precios se dispararon por encima de la inflación. Entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025, los alquileres acumularon incrementos superiores al 500% en todas las regiones del país, muy por encima de la inflación oficial del período, que rondó el 230%.
Al mismo tiempo, el poder adquisitivo de los trabajadores sufrió un fuerte deterioro. Un informe elaborado por la UBA y el Conicet señala que el Salario Mínimo, Vital y Móvil perdió un 39,7% de su capacidad de compra desde noviembre de 2023 y que debería ubicarse en torno a 1.800.000 pesos para recuperar el terreno perdido. Además, más del 20% de los trabajadores percibe ingresos inferiores al salario mínimo y dos de cada diez empleados se encuentran por debajo de la línea de pobreza.
La pérdida de ingresos también golpea a los jubilados. Quienes perciben el haber mínimo, cercano a los 463.000 pesos, deben destinar alrededor del 80% de sus ingresos al alquiler de un monoambiente, sin considerar expensas ni servicios. En el caso de los trabajadores, el salario mínimo cubría el 65% del valor de un alquiler en noviembre de 2023; dos años y medio después apenas alcanza para cubrir el 60%, mientras las expensas duplicaron su peso dentro del presupuesto familiar.
Las consecuencias de este escenario se reflejan en la vida cotidiana de los hogares inquilinos. Según la Encuesta Nacional Inquilina, el 46% debió buscar un segundo empleo para afrontar los gastos mensuales, mientras que el 91,7% redujo las salidas recreativas, el 86,3% recortó gastos en vestimenta, el 60,3% disminuyó la compra de alimentos y más de la mitad resignó gastos en salud. A su vez, casi el 80% de las familias que se endeudaron lo hicieron para poder pagar el alquiler y evitar un desalojo, recurriendo a préstamos o postergando el pago de otros servicios.
En un contexto en el que más del 20% de los hogares argentinos vive en viviendas alquiladas —una cifra que creció más del 70% desde 2010—, especialistas advierten que el problema ya no pasa únicamente por encontrar un inmueble disponible. La creciente brecha entre el costo de la vivienda y los ingresos transformó el alquiler en una carga difícil de sostener y dejó en evidencia una nueva realidad: en la Argentina actual, trabajar ya no garantiza el acceso a una vivienda digna.
Imagen: El Destape
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