Política
Miércoles 5 de agosto de 2026
La fallida aprobación del capítulo de extranjerización de tierras terminó por revelar una de las crisis políticas más profundas que atraviesa el Gobierno de Javier Milei desde el inicio de su gestión. Lo que comenzó como una negociación parlamentaria para garantizar la sanción del proyecto impulsado por Federico Sturzenegger derivó en un fuerte enfrentamiento interno, con la Casa Rosada apuntando directamente contra Patricia Bullrich por haber sobreestimado —o directamente ocultado— el verdadero número de votos con que contaba el oficialismo en el Senado.
La situación terminó de estallar cuando el jefe de Gabinete, Diego Santilli, se comunicó con la senadora salteña Flavia Royón para confirmar su respaldo al proyecto. La respuesta fue categórica: votaría en contra, en sintonía con la posición adoptada por el gobernador Gustavo Sáenz. Esa definición dejó al descubierto que Bullrich contabilizaba como propios votos que nunca estuvieron garantizados. A ese revés se sumaron la ausencia anunciada del radical mendocino Rodolfo Suárez, el rechazo de la tucumana Beatriz Ávila —respaldada por el gobernador Osvaldo Jaldo— y la decisión de la neuquina Julieta Corroza de votar negativamente tras el pronunciamiento del gobernador Rolando Figueroa.
Con ese escenario, el Gobierno no tuvo otra alternativa que retirar el capítulo referido a la extranjerización de tierras para evitar una derrota parlamentaria que hubiera significado un golpe político de mayor magnitud. La decisión evidenció la pérdida de capacidad del oficialismo para ordenar a sus aliados y dejó expuesta la creciente resistencia de los gobernadores dialoguistas a acompañar iniciativas que generan un alto costo político en sus provincias. El rechazo también reflejó la presión social que despertó el proyecto, en especial entre sectores juveniles, donde comenzaban a organizarse protestas similares a las que se produjeron durante el conflicto por el financiamiento universitario.
Dentro del oficialismo, las responsabilidades rápidamente recayeron sobre Patricia Bullrich. En Balcarce 50 sostienen que la exministra ocultó información clave sobre el verdadero escenario legislativo y empujó una estrategia basada en una mayoría inexistente. Incluso, aliados parlamentarios advirtieron previamente que no estaban dispuestos a exponerse en una votación si no estaban asegurados los 37 votos necesarios, advertencia que fue desoída por la conducción libertaria en el Senado.
El episodio agravó una relación que ya venía marcada por la desconfianza entre Bullrich y el círculo íntimo presidencial. En la Casa Rosada recuerdan su enfrentamiento con Victoria Villarruel, la filtración de conversaciones privadas y otras diferencias políticas que deterioraron su vínculo con Javier y Karina Milei. La necesidad de adelantar el viaje presidencial a Ecuador y Colombia para impedir que la vicepresidenta presidiera la sesión y pudiera desempatar en contra del Gobierno terminó convirtiéndose en otro error de cálculo que profundizó el desgaste del oficialismo.
La derrota parlamentaria dejó una conclusión política ineludible: el Gobierno no sólo perdió una de sus principales reformas, sino que también quedó expuesta la fragilidad de su ingeniería legislativa y la creciente crisis de confianza dentro del propio espacio libertario. Mientras los gobernadores demostraron capacidad para condicionar la agenda nacional, en la Casa Rosada ya comenzó la búsqueda de responsables por un traspié que podría redefinir el equilibrio de poder dentro del Gobierno y debilitar el liderazgo de Patricia Bullrich de cara a las próximas disputas políticas.
Con información de LPO
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