Política
Miércoles 5 de agosto de 2026
La fractura entre Javier Milei y Victoria Villarruel dejó de ser una disputa interna para convertirse en una batalla política abierta dentro del Gobierno nacional. Con declaraciones cada vez más contundentes de los principales funcionarios del Ejecutivo, la Casa Rosada elevó el nivel de confrontación y comenzó a instalar públicamente la posibilidad de que la vicepresidenta abandone el cargo por considerar que ya no representa el proyecto político que llegó al poder en 2023.
El canciller Pablo Quirno fue el último integrante del gabinete en sumarse a esa ofensiva. En declaraciones televisivas sostuvo que, si Villarruel no comparte el rumbo del Gobierno, "debería correrse" y dejar la vicepresidencia. "Compuso una fórmula de Gobierno y si no está de acuerdo, que se corra. Somos un equipo que trabaja para llevar a la Argentina hacia otro lugar y lo que tiene que hacer es acompañar", afirmó. Incluso fue más allá al sostener que, desde el inicio de la gestión, la titular del Senado "ha tratado de generar desestabilización", al revelar que pocos días después de asumir habría mantenido reuniones en las que manifestaba estar preparada para asumir la Presidencia "si pasaba algo" con Milei.
Las declaraciones de Quirno se alinean con la estrategia política que ya habían desplegado el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y la presidenta del bloque libertario en el Senado, Patricia Bullrich. Santilli llegó a reclamar abiertamente la renuncia de Villarruel luego de que la vicepresidenta cuestionara públicamente el equilibrio mental del Presidente, acusándola de "conspirar contra el orden republicano". La respuesta de Villarruel no tardó en llegar: reivindicó la legitimidad de la fórmula elegida por el voto popular y denunció que sectores del oficialismo intentan convertirla en blanco de una operación política para desplazarla.
La disputa alcanzó un nuevo punto de tensión durante el debate en el Senado por la ley de extranjerización de tierras. Bullrich cargó con dureza contra Villarruel por autorizar el voto remoto de la senadora Anabel Fernández Sagasti, quien atraviesa un embarazo avanzado. La dirigente libertaria calificó la decisión como "un mamarracho jurídico" y la acusó de vulnerar el reglamento parlamentario. En la misma línea se expresó la diputada Silvana Giudici, quien recordó que la vicepresidenta se había negado anteriormente a intervenir cuando los senadores aprobaron el aumento de sus dietas y cuestionó el cambio de criterio adoptado ahora.
Detrás de la discusión reglamentaria subyace una disputa de poder mucho más profunda. La Casa Rosada considera que Villarruel dejó de actuar como integrante del oficialismo y comenzó a construir una agenda propia, mientras que el entorno de la vicepresidenta sostiene que el Gobierno busca responsabilizarla de las derrotas legislativas y del creciente desgaste político de la administración libertaria. La ofensiva pública contra la titular del Senado refleja que la ruptura entre ambos sectores parece irreversible y anticipa una nueva etapa de confrontación dentro del propio oficialismo.
Con el pedido de renuncia instalado por varios de los principales funcionarios nacionales, el conflicto dejó de ser una diferencia personal para transformarse en una crisis política que pone en tensión la estabilidad de la fórmula presidencial. La batalla entre Milei y Villarruel ya no se libra únicamente en privado: se desarrolla a cielo abierto y amenaza con redefinir el equilibrio de poder dentro del Gobierno en un momento de creciente fragilidad parlamentaria y fuertes desafíos políticos para el oficialismo.
Con información de Página 12
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