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El mercado teme una devaluación y obliga a Caputo a endeudarse atado al dólar

El giro expone el cambio de humor de los inversores y la creciente demanda de cobertura frente a una eventual corrección cambiaria.


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Viernes 7 de agosto de 2026

El Gobierno pasó de burlarse de quienes reclamaban cobertura cambiaria a ofrecerla masivamente para conseguir financiamiento.
En julio, Caputo colocó $8,1 billones en bonos dólar linked y duales, más del doble del récord anterior y una señal del creciente temor a una corrección del tipo de cambio.
 

Hace apenas un año y medio, Javier Milei y su equipo económico exhibían como una victoria que el mercado rechazara los instrumentos de deuda atados al dólar. Para el oficialismo, la falta de demanda por los bonos dólar linked era una prueba de confianza en su programa económico y, especialmente, en el supuesto éxito de su ancla cambiaria. Hoy, esa misma señal se convirtió en un problema: los inversores volvieron masivamente a buscar cobertura frente al dólar y el Gobierno de Luis Caputo tuvo que convalidarla para poder financiarse.
 

Los números muestran un giro difícil de disimular. En julio, el Ministerio de Economía colocó $8,1 billones en instrumentos vinculados al dólar oficial, entre bonos dólar linked y duales. Se trata del mayor volumen desde el inicio de la gestión de Milei y representa más del doble del récord anterior, de $3,9 billones, registrado en septiembre de 2025. El dato no es simplemente financiero: expone un cambio profundo en la percepción de los inversores sobre el rumbo cambiario del Gobierno.
 

La comparación con el discurso oficial de 2025 resulta demoledora. En febrero de ese año, Caputo había celebrado que un bono dólar linked prácticamente no tuviera demanda. “Ofrecimos un dólar link para los que veían atraso cambiario, pero no tuvo demanda”, escribió entonces el ministro. Milei acompañó aquella lectura con su ya conocida descalificación: “No apto para econochantas”. El secretario de Finanzas, Pablo Quirno, también había reivindicado el resultado de aquella licitación y sostuvo que “una cosa son los que opinan, otra el mercado”.
 

Ahora es el propio mercado el que parece estar hablando con sus decisiones. Los inversores no necesariamente están anticipando una devaluación abrupta e inmediata, pero sí están pagando por protegerse de una eventual aceleración del tipo de cambio oficial. En otras palabras, prefieren resignar parte del rendimiento antes que quedar completamente expuestos a una corrección cambiaria. La demanda creciente por estos instrumentos revela que la confianza ciega que el Gobierno celebraba hace un año y medio ya no existe en los mismos términos.
 

El giro, además, coincide con señales provenientes del propio oficialismo y de organismos internacionales. El vocero presidencial Adrián Ravier anticipó que en “unos meses” el dólar podría ubicarse alrededor de los $1.800, mientras que la titular del FMI, Kristalina Georgieva, habría planteado ante empresarios argentinos que el tipo de cambio debería ser más alto. Las curvas de futuros y las proyecciones privadas también comenzaron a incorporar un sendero de depreciación más pronunciado.
 

Para Caputo, los bonos dólar linked ofrecen una salida inmediata a un problema concreto: permiten renovar vencimientos y conseguir pesos sin tener que convalidar tasas todavía más elevadas. Pero la solución tiene una trampa. El Estado está trasladando parte del riesgo cambiario a su propia deuda. Si el dólar acelera, también aumenta automáticamente el costo financiero de esos compromisos.
 

La paradoja política es difícil de ocultar. Lo que en 2025 Milei utilizaba como argumento para ridiculizar a sus críticos, en 2026 su Gobierno lo necesita para poder financiarse. La ausencia de demanda por deuda dólar linked era presentada como una prueba de confianza; el récord de $8,1 billones colocado ahora demuestra que los inversores quieren exactamente lo contrario: protección frente al riesgo cambiario.
 

El mercado, esta vez, no respondió con discursos ni con posteos en redes sociales. Respondió poniendo su dinero donde considera que está el riesgo. Y para un Gobierno que convirtió la confianza de los mercados en uno de los pilares de su relato económico, esa señal puede ser bastante más incómoda que cualquier crítica de la oposición.

 

Con información de LPO / Imagen: La Izquierda Diario


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