Política
Domingo 16 de agosto de 2026
El estadio Vila Euclídes, en el cordón industrial de San Pablo, volvió a convertirse en un escenario cargado de historia política. Allí, donde en 1979 Luiz Inácio Lula da Silva encabezó huelgas obreras que desafiaron a la dictadura militar, el actual presidente brasileño lanzó oficialmente su campaña para las elecciones del 4 de octubre. “La emoción que siento hoy aquí es única”, afirmó, reivindicando aquel proceso de organización sindical que terminó desembocando en la fundación del Partido de los Trabajadores (PT) en 1980.
La elección vuelve a plantear un fuerte contraste entre dos modelos de país. Lula propone profundizar un Estado activo en la industrialización, la educación y la generación de empleo, mientras Flávio Bolsonaro promete un fuerte recorte del gasto público y reivindica una agenda de seguridad y austeridad. El presidente sostuvo que los recursos destinados a educación deben ser considerados inversión y no gasto, y defendió la industrialización de los minerales críticos para evitar que Brasil exporte materias primas e importe productos elaborados.
El escenario electoral, por ahora, favorece al mandatario. La última encuesta de Quaest ubica a Lula con el 38% de intención de voto en primera vuelta, frente al 31% de Flávio Bolsonaro. La diferencia se reduce en un eventual balotaje: 43% contra 40%. Pero el dato político central es que Lula conserva el liderazgo mientras su principal adversario carga con el peso de una derecha atravesada por investigaciones, denuncias y el deterioro de la imagen del clan Bolsonaro.
La movilización también marcó diferencias. Mientras entre 20.000 y 30.000 personas participaron del acto petista en Vila Euclídes, el encuentro encabezado por Flávio Bolsonaro en Copacabana reunió alrededor de 8.900 asistentes, según las estimaciones citadas. El contraste no fue solamente numérico: Lula apeló a la memoria de la resistencia democrática y al protagonismo de los trabajadores, mientras el bolsonarismo volvió a levantar las banderas de la motosierra, el ajuste y la seguridad como ejes de campaña.
El PT busca además disputar sectores decisivos del electorado. Jóvenes de entre 16 y 24 años, mujeres y parte del voto evangélico aparecen como objetivos centrales. La presencia de la primera dama, Rosângela Janja da Silva, junto al pastor y cantante gospel Kleber Lucas, mostró esa estrategia de ampliación política. Lula, por su parte, insistió en una agenda de derechos para las mujeres y llamó a los hombres a modificar sus conductas frente a la violencia de género.
La campaña brasileña empieza así con una disputa que excede los nombres de Lula y Bolsonaro. De un lado, el presidente intenta presentarse como garantía de desarrollo, soberanía económica, inversión pública y ampliación de derechos. Del otro, el bolsonarismo ofrece una profundización del ajuste y un discurso de endurecimiento en materia de seguridad. La elección de octubre será, en ese sentido, una nueva batalla por el rumbo político y económico de Brasil y por el modelo de Estado que prevalecerá en la principal potencia sudamericana.
Imagen: AFP
Copýright 2025 - larosca.com.ar