Política
Domingo 23 de agosto de 2026
Javier Milei volvió a apostar esta semana por la fórmula que lo llevó a conquistar a buena parte de los jóvenes en 2023: polarización, provocación y una defensa sin matices de las llamadas “ideas de la libertad”. Entre insultos, reivindicaciones de su gestión y la promesa de volver al Movistar Arena, el Presidente intenta reactivar a su núcleo duro y recuperar una mística libertaria que ya no tiene la misma potencia que durante su ascenso electoral.
El problema para el oficialismo es que el electorado joven comienza a mostrar señales de agotamiento con el proyecto libertario. Los menores de 39 años representarán el 53% del padrón en la próxima elección presidencial y, por lo tanto, serán una pieza central de la disputa de 2027. Pero el deterioro del mercado laboral, la pérdida de ingresos y el endeudamiento golpean especialmente a ese sector. Según datos citados a partir de la Universidad Di Tella, los jóvenes tienen el doble de probabilidades de estar desempleados que el promedio de los argentinos y cuatro veces más posibilidades de estar endeudados.
La pérdida de respaldo también empieza a reflejarse en el terreno donde el mileísmo supo construir una de sus principales fortalezas: las redes sociales. La denominada “Fuerzas del Cielo”, que durante años funcionó como una poderosa maquinaria digital de defensa del Gobierno, atraviesa un momento de debilidad. Las polémicas por los discursos presidenciales y la radicalización del mensaje ya no generan necesariamente el entusiasmo de otros momentos y, en algunos casos, terminan provocando una reacción adversa.
En ese escenario, Axel Kicillof salió a buscar a los jóvenes desencantados. El gobernador bonaerense lanzó la rama juvenil del Movimiento Derecho al Futuro y les asignó un papel central en la construcción política hacia 2027. “No pueden ser un sector más, tienen que ser los protagonistas”, planteó, intentando disputar no solamente votos sino también la representación de una generación que durante los últimos años se mostró particularmente receptiva a los discursos de ruptura con la política tradicional.
La estrategia de Kicillof apunta a diferenciarse del Gobierno con una agenda concreta: salarios dignos, empleo estable, acceso a la vivienda, educación pública, tecnología y salud mental. El desafío para el peronismo y el resto de la oposición es considerable: no alcanza con capitalizar el rechazo a Milei si no consigue convencer a quienes tampoco quieren regresar al pasado. Por eso, Kicillof insistió en que no se trata simplemente de restaurar experiencias anteriores, sino de construir “un nuevo camino”.
El otro gran adversario de Milei puede no ser un candidato sino el ausentismo. El Observatorio Pulsar de la UBA advirtió sobre el crecimiento del denominado “ningunismo”, especialmente entre los jóvenes, que aparecen como el segmento menos dispuesto a participar electoralmente. Son los mismos que en 2023, en muchos casos, impulsaron a sus familias a acompañar al libertario y que hoy pueden optar por no volver a involucrarse en una elección.
La disputa por ese voto recién comienza, pero ya marca uno de los grandes ejes de la política argentina. Milei necesita recuperar el entusiasmo juvenil que funcionó como combustible de su llegada al poder; Kicillof busca transformar el desencanto en una alternativa política. Entre ambos extremos queda una generación que todavía no decidió a quién confiarle el futuro y que, en 2027, podría tener en sus manos la llave de la próxima elección presidencial.
Con información e Imagen de El Destape
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