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Viernes 04 de septiembre de 2026 | Santiago del Estero, Argentina

Política

El interior le disputa al centralismo porteño el control del peronismo rumbo a 2027

Mientras Kicillof y Massa profundizan su pulseada en Buenos Aires, Quintela, Zamora, De la Sota y Uñac mueven sus fichas para construir un proyecto federal.


Política

Sábado 29 de agosto de 2026

“La pelea bonaerense no puede llevarse puesto al proyecto nacional”. La frase, pronunciada por uno de los asistentes a la última cumbre peronista, sintetiza una preocupación cada vez más extendida dentro del PJ: si el objetivo es derrotar a Javier Milei en 2027, el peronismo deberá romper el cerco de Buenos Aires, recuperar presencia territorial y volver a hablarle al Norte y al centro del país.
 

El contraste con 2015 es contundente. Cuando Daniel Scioli perdió frente a Mauricio Macri, el peronismo todavía conservaba una estructura territorial sólida y había ganado en 15 de las 24 provincias. Ocho años después, el escenario cambió drásticamente: en 2023 Milei se impuso en 20 distritos y Sergio Massa apenas consiguió retener Buenos Aires, Chaco, Formosa y Santiago del Estero. Para varios dirigentes del interior, esa derrota dejó una enseñanza que ahora buscan convertir en estrategia: ningún proyecto presidencial puede construirse exclusivamente desde el conurbano bonaerense.

 

El interior quiere discutir la sucesión

En ese escenario comenzaron a moverse los dirigentes que pretenden disputar el liderazgo nacional. El riojano Ricardo Quintela, el santiagueño Gerardo Zamora, la cordobesa Natalia de la Sota y el sanjuanino Sergio Uñac ya dejaron señales concretas. También aparece Gustavo Sáenz, quien combina un discurso fuertemente antikirchnerista con una relación pragmática con la Casa Rosada.
 

Quintela es uno de los que más activamente intenta construir puentes. Aunque admite en privado que le gustaría ser candidato, sostiene públicamente que primero debe consolidarse la unidad. Su convocatoria en La Rioja buscó reunir a sectores que hoy mantienen profundas diferencias, desde el kirchnerismo hasta los gobernadores que se muestran más alejados del PJ nacional. Su apuesta incluye una operación política de mayor alcance: incorporar al cordobesismo a un frente opositor competitivo.
 

La tarea, sin embargo, es compleja. Martín Llaryora y Juan Schiaretti mantienen su propio esquema y procuran evitar quedar atrapados en la polarización entre Milei y el kirchnerismo. Llaryora necesita preservar su capital provincial y mide cada movimiento en función de la reelección, mientras Schiaretti vuelve a aparecer como una alternativa nacional bajo la bandera de un “modelo propio”. Natalia de la Sota, en cambio, avanza hacia un armado más claramente anti-Milei y busca posicionarse desde un perfil productivista, federal y vinculado a las economías regionales.
 

Zamora y la llave del Norte

El resultado electoral de Santiago del Estero volvió a colocar a Gerardo Zamora en el centro de la escena. El 26 a 0 en las elecciones municipales ratificó la hegemonía del oficialismo provincial y fortaleció al exgobernador como uno de los dirigentes con mayor capacidad territorial del interior. Su recorrido —de origen radical, pasado kirchnerista y fuerte articulación con sectores peronistas— le permite presentarse como un posible puente entre distintas corrientes.
 

Su decisión de construir un bloque propio en el Congreso también funciona como una declaración de autonomía frente a la interna bonaerense. En ese esquema, Zamora y Quintela podrían desempeñar un papel determinante para acercar a los gobernadores del Norte Grande que observan con desconfianza el histórico predominio político de Buenos Aires.
 

Sergio Uñac fue todavía más directo. El sanjuanino anunció que quiere ser candidato y propone una renovación profunda de la conducción peronista. Su discurso combina defensa del equilibrio fiscal, minería y producción, con una crítica a las decisiones tomadas exclusivamente desde Buenos Aires. “El próximo presidente no puede conocer menos del 50 por ciento de las provincias argentinas”, desafía. Su propuesta de una interna abierta busca además evitar una nueva fractura como la que protagonizaron Quintela y Cristina Kirchner en 2024.
 

El dilema: kirchnerismo, antikirchnerismo o una tercera vía

La discusión atraviesa también a Gustavo Sáenz. El gobernador salteño plantea explícitamente construir un peronismo antikirchnerista, reivindica una identidad propia y mantiene un diálogo fluido con Milei. Su estrategia consiste en conservar abiertas todas las puertas mientras evalúa si competir por la reelección o avanzar hacia un proyecto nacional.
 

La contradicción quedó expuesta cuando su vicegobernador, Antonio Marocco, apareció junto a dirigentes cercanos a Kicillof en Buenos Aires para discutir un proyecto nacional de cara a 2027. El episodio mostró hasta qué punto el peronismo del interior intenta mantener autonomía respecto de las etiquetas de la interna nacional.
 

El pampeano Sergio Ziliotto, por su parte, también reclama que el próximo candidato presidencial surja del interior y tenga experiencia concreta de gestión provincial. Su eventual respaldo a un armado federal puede convertirse en otro factor de peso.

 

Kicillof y Massa, la pelea que amenaza con desbordar al PJ

Mientras el interior reclama espacio, la disputa central continúa en Buenos Aires. Axel Kicillof y Sergio Massa avanzan, con distintos ritmos, en sus proyectos nacionales y mantienen abierta una pelea que ya comienza a contaminar decisiones provinciales.
 

El conflicto por la reelección indefinida de los intendentes bonaerenses es apenas el primer capítulo. Los jefes comunales presionan a Kicillof para habilitar un nuevo mandato, mientras el gobernador pretende que esos intendentes funcionen como una estructura territorial para su eventual candidatura presidencial. Massa, en cambio, se resiste a acompañar la iniciativa en la Legislatura y cuenta con un argumento político difícil de ignorar: la ley que limitó las reelecciones fue impulsada por su propio Frente Renovador en 2016.
 

El tema estuvo sobre la mesa en la cumbre peronista del Hotel Emperador y volvió a ser discutido en privado entre Malena Galmarini y Carlos Bianco, sin alcanzar un acuerdo. Para los gobernadores del interior, el conflicto es justamente el que quieren evitar: que la pelea por el liderazgo bonaerense termine definiendo el rumbo de todo el peronismo nacional.
 

La paradoja es evidente. Para recuperar la Casa Rosada, el PJ necesita volver a ser competitivo fuera de Buenos Aires. Pero para conseguirlo primero deberá resolver quién conduce, qué identidad tendrá y cuánto peso conservará el kirchnerismo. La elección de 2027 ya comenzó a ordenar las piezas y, por primera vez en mucho tiempo, el interior peronista parece decidido a no aceptar que la discusión presidencial se resuelva exclusivamente en la provincia de Buenos Aires.

 

Con información de Página 12


La Rosca



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