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Jueves 3 de septiembre de 2026
Una nueva ruta comercial entre Punta Arenas y las Islas Malvinas amenaza con agregar un nuevo capítulo de tensión a una relación entre Argentina y Chile que atraviesa crecientes diferencias por cuestiones de soberanía e intereses estratégicos en el extremo sur. El proyecto, impulsado desde la ciudad chilena, contempla que una naviera comience a trasladar mercadería hacia Puerto Argentino a partir de noviembre.
La iniciativa es promovida por el alcalde de Punta Arenas, Claudio Radonich, quien ya avanzó en un acuerdo con la naviera Easter Island para conectar comercialmente la ciudad chilena con las islas. La empresa mantuvo reuniones con representantes comerciales del archipiélago y una delegación malvinense tiene previsto viajar a Punta Arenas a fines de septiembre para avanzar en acuerdos con proveedores.
Detrás del proyecto hay un fuerte interés económico. Actualmente, las Malvinas utilizan a Montevideo como principal conexión marítima con Sudamérica, en un recorrido de unos 2.000 kilómetros. La alternativa desde Punta Arenas permitiría reducir prácticamente a la mitad esa distancia y facilitar el abastecimiento de alimentos, frutas, verduras, vinos, materiales de construcción, gas licuado y repuestos.
Radonich estima que el mercado de las islas mueve alrededor de 20 millones de dólares anuales y sostiene que las restricciones comerciales implementadas en el pasado generaron pérdidas por unos 300 millones de dólares para la economía de la región de Magallanes. El argumento económico, sin embargo, se enfrenta con un problema de naturaleza diplomática: la ruta puede quedar atravesada por la legislación argentina sobre las Islas Malvinas.
Desde 2010, el Decreto 256 establece que los buques que se dirigen hacia las Malvinas o regresan desde el archipiélago deben solicitar autorización cuando atraviesan aguas jurisdiccionales argentinas. La posibilidad de una nueva conexión comercial desde Chile podría, por lo tanto, obligar a Buenos Aires a definir una posición frente a una operación que Santiago presenta como una oportunidad económica regional.
El alcalde chileno sostiene que el barco utilizaría una bandera diferente a la de las islas y considera que no existiría un impedimento derivado de los compromisos asumidos en el Mercosur. Para Argentina, en cambio, el asunto toca directamente el reclamo de soberanía sobre el archipiélago y podría convertirse en un nuevo foco de conflicto con el gobierno de Gabriel Boric y, especialmente, con el escenario político que se abre alrededor de José Antonio Kast.
La controversia comercial aparece además cuando todavía no se cerraron las diferencias entre ambos países por el Estrecho de Magallanes. En los últimos meses, funcionarios y autoridades militares argentinas realizaron declaraciones reafirmando la posición nacional sobre la soberanía en la zona, lo que generó respuestas y protestas desde Chile.
La discusión escaló hasta sectores políticos y militares chilenos. Incluso excomandantes en jefe de las Fuerzas Armadas plantearon reparos sobre la posibilidad de construir una relación de plena confianza mientras persistan disposiciones que Santiago considera incompatibles con tratados vigentes.
El canciller chileno, Francisco Pérez Mackenna, aseguró además que existe desde marzo un decreto argentino pendiente de la firma de Milei que permitiría avanzar sobre uno de los reclamos formulados por Chile. Desde Santiago sostienen que ese compromiso todavía está pendiente de resolución.
El escenario resulta particularmente incómodo para ambos gobiernos porque Milei y Kast mantienen una relación política cercana. El Presidente argentino respaldó públicamente al dirigente chileno durante su reciente visita a Santiago y ambos exhibieron coincidencias ideológicas. Sin embargo, los intereses nacionales empiezan a chocar allí donde aparecen las disputas territoriales, las rutas estratégicas y los negocios vinculados con Malvinas.
La nueva ruta comercial se conoce además pocas horas antes del mensaje de Milei por cadena nacional, en el que Malvinas volverá a ocupar un lugar central. El Presidente busca reposicionar el reclamo argentino y, según trascendió, plantearía incluso la posibilidad de que Donald Trump intervenga como eventual árbitro.
La coincidencia temporal agrega una dimensión política al conflicto: mientras Milei prepara un discurso para reforzar la cuestión Malvinas, desde el sur chileno avanza un proyecto comercial que podría facilitar la conexión de las islas con el continente.
Así, la relación con Chile queda atrapada entre la cercanía política de Milei y Kast y una agenda bilateral cada vez más atravesada por disputas de soberanía. Malvinas y el Estrecho de Magallanes vuelven a colocar al extremo sur en el centro de la política exterior y obligan a la Casa Rosada a definir hasta dónde puede convivir su alianza política con Santiago con los intereses estratégicos argentinos.
Con información de Página 12 / Imagen: NA
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