Política
Sábado 26 de septiembre de 2026
La discusión dentro del peronismo ingresó en una nueva etapa: detrás de las disputas por el liderazgo y la situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner comenzaron a quedar expuestas diferencias sobre el modelo económico que debería ofrecer el espacio de cara al futuro. El contraste quedó reflejado esta semana entre la agenda de Axel Kicillof en Estados Unidos y el proyecto económico presentado por Máximo Kirchner en el Congreso.
Kicillof viajó a Nueva York para reunirse con fondos de inversión, bonistas y representantes de empresas, entre ellos BlackRock, en un intento por transmitir previsibilidad respecto del cumplimiento de las obligaciones de la provincia de Buenos Aires. El gobernador presentó su gestión bonaerense como una referencia para explicar su visión económica y buscó diferenciarse de las políticas de Javier Milei, aunque también procuró despejar dudas sobre una eventual ruptura con la propiedad privada.
En paralelo, Máximo Kirchner presentó un proyecto para crear el Impuesto a las Transferencias Internacionales de Capital (ITIC), con una alícuota general del 3% sobre determinadas operaciones que impliquen una salida efectiva de capitales del país y un adicional de dos puntos cuando los fondos tengan como destino jurisdicciones de baja o nula tributación. La iniciativa estima una recaudación mínima de $2,89 billones.
El proyecto establece además una distribución específica de los recursos: el 60% para provincias y municipios y el 40% restante destinado a salud y discapacidad, universidades, jubilaciones y PAMI. La propuesta introduce así un eje de discusión sobre financiamiento federal, política tributaria y salida de capitales que se suma a las diferencias existentes dentro del peronismo.
En este escenario, también aparece la discusión sobre la construcción política del peronismo hacia adelante. Sectores vinculados a Cristina Kirchner plantean la posibilidad de un frente federal que incluya a distintos sectores del PJ, mientras el kicillofismo sostiene la necesidad de una competencia interna que permita definir candidaturas. Las diferencias no son solamente electorales: también atraviesan el vínculo con los mercados, el rol del Estado y las herramientas económicas que debería utilizar una eventual alternativa al Gobierno nacional.
Así, la interna peronista comienza a mostrar una disputa de fondo que excede los nombres propios. Mientras un sector busca construir una señal de previsibilidad ante inversores y acreedores, otro coloca en el centro una agenda de mayor intervención fiscal sobre los movimientos de capital. La discusión sobre qué modelo económico ofrecerá el peronismo se instala, de esta manera, como uno de los principales ejes de su reordenamiento político.
Con información e imagen de Mundo Gremial / Redacción: La Rosca
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