Gremiales
Jueves 24 de septiembre de 2026
El cierre de Emilio Alal, la última fábrica textil que permanecía en funcionamiento en Goya, volvió a poner en el centro del debate el impacto de la crisis industrial sobre las economías del interior. Germán Timoteo Pucheta, uno de los trabajadores despedidos, viajó desde Corrientes al Congreso para exponer la situación de los empleados y denunciar que, ocho meses después de la paralización, 260 familias continúan reclamando el pago de sus indemnizaciones.
Pucheta trabajó durante 22 años en la empresa y sostuvo que el cierre no representa solamente la pérdida de puestos laborales, sino también la desaparición de capacidades productivas acumuladas durante décadas. En una reunión informativa de la Comisión de Economía de Diputados, cuestionó el avance de las importaciones y advirtió que la problemática puede extenderse a otros sectores industriales como el calzado, las autopartes y la metalurgia.
El caso adquiere una dimensión política porque expone la tensión entre apertura comercial y sostenimiento del entramado industrial. La propia Provincia de Corrientes había identificado años atrás a Emilio Alal entre las empresas que integraban su sector textil, dentro de una estrategia que buscaba fortalecer la actividad y generar empleo.
El trabajador también relató el impacto social que produjo el cierre en una ciudad donde, según su testimonio, las posibilidades de reinserción laboral son limitadas. Pucheta, de 44 años y padre de tres hijos, afirmó que recibió un fondo de desempleo de $360.000 y reclamó el pago de la indemnización para poder iniciar una nueva actividad. Sus declaraciones pusieron el foco en las dificultades de la llamada “reconversión laboral” cuando el mercado de trabajo local no ofrece alternativas suficientes.
La protesta también alcanzó al Gobierno nacional. Pucheta cuestionó la falta de respuestas oficiales y, al referirse al deterioro de las condiciones sociales, realizó una comparación con la crisis de 2001 y la salida de Fernando de la Rúa. La frase, formulada como una expresión de descontento personal y acompañada por su aclaración de que no promueve violencia, refleja el nivel de malestar que atribuye a la situación de los trabajadores despedidos.
El cierre de Emilio Alal se inscribe además en un escenario de dificultades para distintos sectores manufactureros. En septiembre, organizaciones vinculadas a la industria del cuero también declararon el estado de alerta y movilización y señalaron como factores de preocupación los cierres, la caída del consumo y el avance de productos importados. En ese contexto, el reclamo surgido desde Goya vuelve a plantear una discusión de fondo: qué lugar ocupa la industria nacional y el empleo registrado en el modelo económico vigente.
Con información e imagen de Mundo Gremial / Redacción: La Rosca
Copýright 2025 - larosca.com.ar