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Opinión

Lula dio vuelta la elección y dejó una lección para la Argentina

Por Guillermo Mendoza


Opinión

Domingo 25 de octubre de 2026

El presidente brasileño revirtió la ventaja de Flávio Bolsonaro con una campaña final más dinámica, una fuerte ofensiva en redes y la movilización de votantes que no habían garantizado su apoyo en la primera vuelta. El resultado expone los límites de la derecha cuando la polarización se combina con el temor social y la defensa de derechos conquistados.

La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva no se explica solamente por los votos que obtuvo, sino por los que logró recuperar cuando la posibilidad de un triunfo de la familia Bolsonaro se convirtió en una amenaza concreta para sus adversarios. En la primera vuelta, Flávio Bolsonaro había conseguido el 47,03% de los votos válidos, frente al 45,16% de Lula. Sin embargo, el balotaje terminó con el presidente reelecto en torno al 51,8%, contra el 48,2% de su rival. La diferencia muestra que una ventaja inicial no garantiza una victoria cuando cambia la percepción de lo que está en juego. 

 

Una de las claves estuvo en la capacidad de Lula para modificar su estrategia durante las últimas semanas. Después del resultado adverso de octubre, reorganizó su campaña digital y apostó a una comunicación más directa, especialmente mediante WhatsApp y las redes sociales. Pero la tecnología, por sí sola, no explica el desenlace: el mensaje logró conectar con sectores que podían estar disconformes con el Gobierno, pero que tampoco querían una vuelta al poder del bolsonarismo. En una elección tan polarizada, el voto no se ordenó únicamente por adhesión; también pesaron el rechazo, el miedo a perder derechos y la evaluación de las consecuencias de cada alternativa.
 

El contexto brasileño resulta decisivo para entender esa reacción. Se trata de un país atravesado por desigualdades históricas, diferencias profundas entre regiones y una disputa sobre el papel del Estado en la protección de los sectores populares. Lula conserva una identidad política asociada a los trabajadores, los programas sociales y la inclusión de quienes históricamente quedaron relegados. El bolsonarismo, por su parte, mantiene una base considerable apoyada en el conservadurismo, la seguridad pública y el rechazo al PT. La elección no eliminó esa fractura: la dejó expuesta en un resultado estrecho, que obliga a reconocer que casi la mitad del electorado respaldó otra orientación política.
 

La jornada electoral también dejó una advertencia sobre las condiciones materiales de la democracia. La campaña de Lula denunció problemas en el transporte público que podían dificultar el acceso a los centros de votación, especialmente en zonas de apoyo al PT. Ante esos reportes, el juez Cristiano Zanin dispuso extender el horario hasta las 19, y la autoridad electoral suspendió temporalmente el cómputo mientras se aplicaba la medida. Hubo denuncias y controversias, pero no corresponde presentar como probado que el bolsonarismo organizó todos los bloqueos señalados: lo confirmado es que existieron problemas de transporte y que la Justicia intervino para ampliar el tiempo de votación. La lección es contundente: el derecho a elegir también depende de que las personas puedan ejercerlo efectivamente.
 

¿Puede ocurrir algo parecido en la Argentina? No hay una traducción automática entre ambos países, pero sí una advertencia política. Cuando un gobierno aplica un ajuste que deteriora ingresos, empleo y expectativas, puede conservar apoyos por identidad ideológica o por rechazo a la alternativa. Sin embargo, si una parte de la sociedad empieza a percibir que la continuidad de ese rumbo amenaza sus condiciones de vida, puede cambiar su voto incluso sin identificarse plenamente con la oposición. Para que eso ocurra, no alcanza con denunciar el ajuste: hace falta construir una propuesta creíble, ampliar alianzas, hablarle a quienes están descontentos y ofrecer respuestas concretas a los problemas cotidianos.
 

La principal enseñanza de Brasil es que la derecha no resulta invencible, pero tampoco cae por el simple desgaste de gobernar. Lula logró revertir una desventaja porque movilizó apoyos, corrigió su estrategia y convirtió la elección en una discusión sobre el futuro del país. En la Argentina, el desafío para quienes se oponen a Milei será comprender que el malestar social no se transforma automáticamente en votos opositores. La pregunta central no es solamente cuántas personas están disconformes con el Gobierno, sino cuántas pueden encontrar una alternativa capaz de representar sus necesidades, recuperar la esperanza y ofrecer un horizonte distinto.

 

Imagen: Página 12


La Rosca



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